A dos amigos se les apareció un oso,
el uno, muy medroso,
en las ramas de un árbol se asegura;
el otro, abandonado a la ventura,
se finge muerto repentinamente.
El oso se le acerca lentamente;
mas como este animal, según su cuenta,
de cadáveres nunca se alimenta,
sin ofenderlo lo registra y toca,
huele las narices y la boca;
no le siente el aliento, ni el menor movimiento;
y así se fue diciendo sin recelo:
“Este tan muerto está como mi abuelo”.
Entonces el cobarde,
de su grande amistad haciendo alarde,
del árbol se desprende ligero,
corre, llega y abraza al compañero,
pondera la fortuna de haberle hallado sin lesión alguna,
y al fin dice: “Sepas que he notado
que el oso te decía algún recado.
¿Qué pudo ser”.
“Direte lo que ha sido;
en estas dos palabritas al oído:
“APARTA LA AMISTAD DE LA PERSONA
QUE SI TE VE EN RIESGO, TE ABANDONA.”
Melissa Godoy