Todo empezó cuando estábamos mi amiga Diana y yo sentadas en un banco en la hora del recreo, nosotras como todos los días hablando un rato.
Pasó Lola Carreño, nuestra profesora de Ciudadanía y nos dice:
“Chicas, acompáñenme a una reunión de lectura poética”.
Nosotras fuimos, ¡no sabíamos ni que era eso!
Llegamos allí y la profesora le dice a la que organizó todo, Paqui: “ellas me ayudarán a hacer los decorados y lo que ustedes necesiten”. Nosotras estábamos asombradas preguntándonos dónde nos había metido Lola.
Salimos de la reunión y le preguntamos: “¿seño que es eso?” Ella nos responde: “es un evento que se hace todos los años donde leen poesías, verán que se lo pasarán genial”.
Nos estuvimos reuniendo todos los miércoles en el recreo con ella, haciendo carteles para decorar las escaleras, buscando ideas para hacer los libretos, siempre dando opiniones para la decoración del escenario, también cogimos enfados con el ordenador que sólo le hacia caso a Lola, aunque al final nos reímos y nos lo pasamos muy bien.
Allí conocí a Nadia, una chica simpática, trabajadora y mucho más, bueno y ¡una excelente dibujante! Ella hizo el decorado de las cartulinas y los libretos, le quedaron perfectos.
Se acercaba el día 30 de abril, muchas cosas sin terminar, y nosotras todas atacadas haciendo las cosas, quedándonos después de las clases para terminar todo; y el día anterior ¡faltaba ordenar los libretos y comprar los utensilios de los actores!; por que había dos, uno era el principito (Jonathan), que era de eso de lo que trataba este año la lectura y la otra (Begoña) que era la que hacia los otros personajes, lo hicieron perfecto.
Los libretos son los que mas trabajo nos dio el día anterior, hasta la noche en el instituto, que si cortando, ordenando las páginas y poniéndoles el lacito, pero valió la pena tanto esfuerzo porque quedaron fantásticos.
Llegó el gran día, ya era 30 de abril. Todas nerviosas, fuimos al teatro a poner todo perfecto; Diana tocaba con Néstor que tocó el timple, con Raúl que toco el violín y Perdomo que toco la guitarra. Ellos se quedaron ensayando mientras Nadia y yo buscamos dónde ponernos para ayudar si necesitaban algo, nos pusimos detrás de las bambalinas; ella por el lado izquierdo y yo por el derecho. Conmigo estaban Begoña, tres chicas y un chico que leían poemas.

Se le encargó un ramo a Paqui, ¡que lío nos dio a mí y a Nadia! Lo fuimos a buscar antes de que empezara todo y lo pusimos en cafetería para luego -en medio de la actuación- irlo a buscar. Todo empezó, nosotras en la puerta para que la gente entrara. Cuando todos se sentaron, nosotras subimos al escenario detrás de bambalinas. Allí me lo pasé bien, caminando súper despacio para que no se oyeran los pasos, ayudando a Begoña a ponerse las cosas que necesitaba, etc. Llegó el momento del ramo, Nadia y yo unos minutos antes salimos para cafetería, pero había un problema: la puerta de abajo estaba cerrada; nosotras todas atacadas empujando pero nada. Había dos chicos fuera y nos abrieron, ¡bien! Cogimos el ramo, y al volver al teatro, otra vez la puerta cerrada pero esta vez no se abría y nosotras diciendo: ¡que el ramo está aquí! (nerviosas y a la vez riéndonos) Por suerte el de cafete nos abrió otra puerta y nosotras llegamos a punto para entregarle el ramo, ¡bien!
Al final todos nos reunimos en el escenario, y para el cierre, no hay mejor despedida que una canción.
No me arrepiento nada de haber estado en aquel banco sentada y que pasara Lola. FELICIDADES a todos los que hicieron que la lectura poética saliera tan bonita; y Paqui, no pierdas la ilusión de hacerlo el próximo año, porque ayudas, haces que las personas sientan cosas y se emocionen: gracias por estos momentos tan especiales, acuérdate.
Yumara